La sociedad de información nos plantea innumerables facilidades de comunicación, de producción, de archivo. Si la aritmética fuera cierta, debiera estar plagado de ficheros de información. Podría contar mi vida desde mis 15 años -cuando apareció la compu- hasta hoy. Podría. Pero no puedo. Discos rígidos que no arrancaron más, archivos que volaron a una dimensión desconocida cuyo pasaje dice "Vaciar papelera". Correos electrónicos de cuentas cerradas por el autoboicot o la indiferencia corporativa de quien administra los datos y, al hacerlo gratis, es muy bueno y lo debemos amar.
Videos publicados preciosos que desaparecen cuando se hace presente el miedo de quien los subió. Amistades maravillosas que nos morimos por conocer, allá, lejos, como un sueño; y con un simple "cerrar cuenta" se volatilizan, haciendo evidente que el corazón es incapaz de experimentar la misma suerte y late preguntándose, cual novia de marinero que va a la guerra, por aquel que nunca volverá.
Y fotos. Muchas, muchísimas fotos. Algunas casi fotogramas de una filmación de nuestras vidas. Fotos que conforman un stock virtual tan grande que nadie jamás consumirá. Escritorios llenos de arsenales de archivos, grabaciones personales que con suerte serán escuchadas en un 10%, despreciadas, eliminadas.
Todo efímero. Información efímera en un mundo efímero, con una sociedad efímera. Nuevamente el esquema productivo modifica el esquema social.
Esperar constancia en un mundo efímero, tonta empresa.
todo es efímero, salvo las penas.
ResponderBorrarobligado a ser feliz soy.
y él? aquel q no existe más?
no lo sè...
ya no.
paz.